"Vino un hombre de Baal-salisa, trayendo al varón de Dios pan de las primicias, veinte panes de cebada y espigas verdes en su bolsa. Y él dijo: Da al pueblo para que coma. Su sirviente respondió: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Él volvió a decir: Da al pueblo para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará."
— 2 Reis 4:42-44
Hay días en que nos sentimos completamente insuficientes ante las demandas de la vida. Miramos nuestros recursos —financieros, emocionales, espirituales— y pensamos: "Esto no es suficiente para lo que este día me pide." El siervo de Eliseo sintió exactamente esto. Ante cien personas hambrientas, tenía sólo veinte panes de cebada. Las matemáticas eran imposibles. La lógica gritaba: "¡No se puede!" Pero el profeta sabía algo que el siervo aún no había aprendido plenamente: la aritmética de Dios no es nuestra aritmética.
En el contexto de 2 Reis 4, Eliseo ya había realizado diversos milagros. Multiplicó el aceite de la viuda. Resucitó al hijo de la sunamita. Sanó a Naamán de la lepra. Cada acto revelaba un Dios que no solo conoce nuestras necesidades, sino que se deleita en la abundancia. No en una abundancia superficial o codicioso, sino en una generosidad que desborda. El profeta había aprendido que cuando colocamos en las manos de Dios lo que tenemos —por pequeño que sea— Él no solo atiende la necesidad, sino que deja sobras. Siempre sobras.
¡Qué mensaje tan poderoso para nosotros hoy! ¿Cuántas veces dejamos de actuar porque nuestros recursos parecen insignificantes? Dejamos de servir porque tenemos poco. Dejamos de dar porque tememos la falta. Dejamos de intentar porque contamos solo con lo que vemos en nuestras manos. Pero el Dios de Eliseo sigue siendo nuestro Dios. No ha cambiado. Su capacidad de multiplicar no ha disminuido. Cuando entregamos lo que tenemos —aunque sean solo veinte panes de cebada para cien personas— Él no solo satisface la necesidad, ¡la satisface con abundancia que desborda!
Esto no significa ingenuidad ni falta de planificación. Significa, sin embargo, una confianza radical en que el Dios que nos llamó a servir, a amar, a dar, es completamente capaz de suplir todo lo que necesitamos para hacerlo. Hoy, mira lo que Dios ha puesto en tus manos. Puede parecer pequeño. Tal vez sea solo veinte panes cuando necesitas alimentar a cien personas. Pero colócalo ante el Señor. Escucha Su voz: "Da, porque Yo completo lo que falta." Cuando hacemos esto, experimentamos no solo suficiencia, sino desbordamiento.